Leer: Ester 2:12-18
Dios no se burla de
nosotros con las cosas que dice en su Palabra. Él no se dedica a humillar a su
pueblo con falsas expectativas que nunca podrá alcanzar, o con algo que es
totalmente exclusivo de una persona, pero que es un reto frustrante e
inalcanzable para todos los demás. Pero debo apresurarme a añadir que uno no
podrá lograr esas expectativas si es guiado por el mundo, esto solo produce
derrota y frustración. Usted, como individuo, tiene sus presiones, dificultades
y circunstancias especiales, pero Dios le ofrece la manera de manejarlas para
que usted llegue a ser su persona especial. La pregunta es: ¿cómo?
En primer lugar, pídale a
Dios. Pídale que cultive su carácter. Pídale que le dé satisfacción con lo
superficial y un deseo más profundo por lo espiritual. Póngase a disposición de
su poder, de su corrección. Busque su dirección para las cosas que necesita.
Permita que Él le ayude a fijar metas razonables. Escríbalas para que lleve un
registro escrito de sus oraciones y su contestación.
Pídale a Dios que le dé
esa clase de autenticidad. Que le ayude a poner más énfasis en lo que está
sucediendo en lo más íntimo de su corazón y menos énfasis en las cosas
externas, en lo superficial, en lo temporal.
En segundo lugar, confíe
en Dios. Confíe el control de las circunstancias que le rodean, esas que usted
quizás está utilizando como excusa para no ser la persona que quiere ser. No
espere hasta que sus circunstancias sean perfectas. Recuerde a Ester. En el
punto crítico de la competencia, rodeada de mujeres sensuales, ambiciosas y
superficiales, ella se mantuvo sola en la brecha y, asombrosamente ¡Dios le dio
favor a los ojos de los demás!
Pídale a Dios. Confíe en
Dios. Dependemos totalmente de Él en cuanto a vida eterna, perdón, carácter y
seguridad. Su luz en nuestras vidas nos da un aborrecimiento por las cosas que
simplemente satisfacen nuestro egoísmo, nuestra carnalidad. Esa luz nos muestra
la importancia del carácter, el cambio increíble que se pude tener cuando uno
se mantiene solo en la brecha por las cosas de Dios. Solo Él puede darnos la
gracia y la afabilidad que impide que nos convirtamos en cristianos virulentos
e irritables. Es la actividad de Dios en nuestras vidas lo que nos utiliza aún
en los “harenes” de la vida para marcar una diferencia y ser modelo de encanto
y hermosura, de dignidad y elegancia que no puede evitar que la atención de las
personas se vuelva a Dios y a su poder. Recuerde, pida y confíe.
Confíe en Dios el control
de las circunstancias que le rodean.
Autor: Pastor Charles R.
Swindoll


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