Cuando los clavos atraviesan tus manos, ya no harás lo que no debes hacer...
Cuando los clavos atraviesan tus pies, ya no vas a donde no debes ir...
Cuando la corona de espinas se clava en tu cabeza, tus pensamientos son controlados por el Espíritu Santo...
Y cuando la lanza atraviesa tu corazón, los malos deseo se van para siempre...
"Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí."
Gálatas 2:20


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